La transición hacia nuevas fuentes de abastecimiento hídrico está modificando progresivamente la infraestructura de agua de la minería chilena.
De acuerdo con la proyección 2025–2034 publicada por la Comisión Chilena del Cobre, el consumo hídrico de la minería del cobre pasaría de 18,5 m³/s en 2024 a 20,6 m³/s en 2034.
Sin embargo, el cambio más relevante está en la composición de ese abastecimiento.
Cochilco proyecta que el agua de mar aumentará su participación desde 40,7% en 2024 hasta 67,6% en 2034, consolidándose como una fuente cada vez más relevante para el sector.
El mismo informe estima una demanda total de agua de mar de aproximadamente 13,9 m³/s hacia 2034, de los cuales cerca de 10,5 m³/s corresponderían a agua desalinizada.
Para una operación minera o industrial, sin embargo, incorporar agua de mar no consiste simplemente en instalar una unidad de ósmosis inversa.
La fuente hídrica modifica distintas condiciones del sistema y obliga a mirar la planta como un conjunto.
1. Caracterizar el agua antes de seleccionar tecnología
La primera variable es también una de las más importantes: conocer qué agua se necesita tratar.
Salinidad, sólidos suspendidos, materia orgánica, temperatura y composición química condicionan las etapas necesarias para producir agua con las características que requiere el proceso.
Dos proyectos que buscan obtener un caudal similar pueden necesitar configuraciones distintas si cambia su agua de alimentación.
Por eso, la selección tecnológica debería comenzar con una caracterización representativa de la fuente, y no únicamente con una capacidad nominal de producción.
Vantech integra tecnologías como ósmosis inversa, ultrafiltración, nanofiltración y otras alternativas de tratamiento según las condiciones de la aplicación.
2. El pretratamiento protege el sistema de membranas
En una planta de ósmosis inversa, las membranas forman parte de una cadena de tratamiento.
La calidad del agua que llega a ellas afecta directamente su operación.
Un pretratamiento incorrectamente definido puede contribuir a fenómenos de ensuciamiento, incrustación y pérdida progresiva de rendimiento.
Dependiendo de las características del agua, una solución puede requerir distintas etapas de filtración o acondicionamiento antes de llegar al sistema principal de membranas.
Por eso, al evaluar una planta desaladora no debería preguntarse únicamente:
¿Qué membrana utilizaremos?
También conviene preguntar:
¿En qué condiciones llegará el agua hasta esa membrana?
3. La salinidad también condiciona los materiales
El agua de mar introduce un ambiente particularmente exigente para materiales, piping, fittings, bombas y otros componentes.
La selección debe considerar las condiciones químicas y mecánicas de la aplicación y no limitarse a replicar soluciones utilizadas previamente con aguas de diferente composición.
Esto cobra especial importancia en plantas industriales que deben mantener una alta disponibilidad operacional.
Una incompatibilidad de materiales puede transformarse posteriormente en corrosión, mantenimiento no planificado o necesidad de sustituir componentes.
Por eso, la ingeniería de materiales forma parte del diseño hídrico y no debería tratarse como una decisión secundaria.
4. No basta con producir agua: también hay que transportarla
Una parte importante del desafío minero se encuentra fuera de la propia planta desaladora.
Cochilco advierte que la distancia desde la costa, la altura de las operaciones y los costos asociados a la impulsión son factores relevantes para determinar la viabilidad del uso de agua de mar.
Esto resulta particularmente importante en Chile, donde numerosas operaciones están ubicadas a gran distancia del litoral o a elevaciones significativas.
Por eso, la evaluación no debería terminar en:
“Necesitamos producir X m³/h”.
También debe preguntarse:
“¿Cómo se integrará ese caudal al sistema y en qué condiciones deberá ser transportado?”
Impulsión, estaciones de bombeo, estanques y piping forman parte de la misma ecuación técnica.
5. Evaluar CAPEX sin OPEX entrega una visión incompleta
Una planta de agua opera durante años.
Por eso, comparar alternativas únicamente en función de la inversión inicial puede entregar una visión parcial.
Entre los aspectos que influyen posteriormente en el costo total de operación se encuentran:
- consumo energético;
- bombeo;
- reactivos;
- reposición de consumibles;
- limpieza de membranas;
- disponibilidad de repuestos;
- mantenimiento;
- personal requerido para operación.
La alternativa técnicamente más económica de adquirir no necesariamente será la más conveniente durante toda la vida útil de la instalación.
Para proyectos industriales resulta más útil incorporar una mirada de costo total de propiedad —TCO— desde la etapa de evaluación.
6. Una planta nueva debe integrarse con lo que ya existe
En muchos proyectos industriales, la desalación no se desarrolla sobre una instalación completamente nueva.
Debe convivir con:
- estanques existentes;
- piping;
- sistemas eléctricos;
- automatización;
- instrumentación;
- pretratamientos previos;
- redes de distribución;
- restricciones de espacio;
- procesos que no pueden detenerse fácilmente.
Esto transforma la integración en un desafío de ingeniería propio.
Una planta correctamente dimensionada puede igualmente enfrentar dificultades si sus interfaces con la infraestructura existente no fueron suficientemente consideradas.
En proyectos brownfield, el levantamiento previo de estas interfaces resulta especialmente importante.
7. Diseñar pensando en cómo se operará después
Finalmente, una planta debe poder mantenerse.
Accesibilidad de equipos, procedimientos de limpieza, instrumentación, disponibilidad de repuestos y facilidad de intervención afectan directamente la continuidad operacional.
El trabajo no termina durante la puesta en marcha.
Con el tiempo aparecen variaciones en:
- calidad del agua de alimentación;
- presión diferencial;
- conductividad;
- caudales;
- comportamiento de membranas;
- componentes mecánicos.
Por eso, integrar desde el diseño los requerimientos de operación y mantenimiento facilita gestionar estas variaciones durante la vida útil del sistema.
Vantech contempla servicios de operación, mantenimiento preventivo, predictivo y correctivo para plantas de tratamiento de agua.
Un nuevo escenario para la desalación en Chile
El crecimiento proyectado del uso de agua de mar coincide, además, con un nuevo marco institucional.
En mayo de 2026 se publicó la Ley 21.813 sobre el uso de agua de mar para desalinización, que establece un marco para el desarrollo sostenible de estos proyectos y crea, entre otros elementos, una Estrategia Nacional de Desalinización y un régimen especial de concesiones. Su texto contempla entrada en vigencia diferida para noviembre de 2027.
Este escenario refuerza la necesidad de abordar los proyectos hídricos combinando ingeniería, condiciones territoriales, operación y planificación de largo plazo.
Antes de definir una planta, conviene definir correctamente el problema
Una solución de desalación no comienza escogiendo un equipo.
Comienza entendiendo:
qué agua está disponible, qué calidad se necesita obtener, cuánto caudal requiere la operación, dónde deberá transportarse y cómo se integrará con la infraestructura existente.
Con esos antecedentes es posible evaluar alternativas de tratamiento y desarrollar una solución proporcional a las condiciones reales del proyecto.
Vantech desarrolla ingeniería, integra y pone en marcha sistemas de tratamiento, purificación y desalación para aplicaciones industriales y mineras, con alternativas que pueden incorporar tecnologías de membrana y sistemas complementarios definidos según cada proyecto.
¿Su operación está evaluando agua de mar o una nueva planta de tratamiento?
Antes de definir tecnología y capacidad, podemos revisar las condiciones de alimentación, requerimientos de agua de proceso e infraestructura existente.
Solicite una evaluación técnica a Vantech.







